Anoche al irme a dormir tuve un pensamiento, me
quedaba un día menos de vida, era una verdad irrefutable. Al despertarme el
mismo pensamiento volvió a aparecer. En esta ocasión de forma mucho más lúcida
me ha llenado de vitalidad, no pensaba seguir sufriendo por cosas absurdas que
iban apareciendo en mi cabeza de pura rutina y aburrimiento, incluso tú en ese
momento me has parecido de lo más insignificante. He decidido de forma
consciente y voluntaria hacerlo todo de forma más lenta, por el simple placer
de disfrutar más de las cosas.
Me he duchado lentamente, he sentido el agua caliente
resbalar por mi cabeza y llegar hasta mis pies, he desayunado en silencio para
estar receptiva a cualquier sonido que me llegara e incluso me he dado cuenta
de mis propios pensamientos, intentando averiguar cuál era su origen y he
descubierto tranquilamente que no tenía ni idea, y te puedo confesar sin rubor
que la mayoría son involuntarios, como si un personaje absurdo que mediante
lógicas interpretaciones pretendiera que yo me tragara su propio cuento, por lo
menos ahora sé que no soy yo, porque si lo fuera no sería capaz de escucharlo,
me he permitido incluso el lujo de interrogarle y me ha confesado que él no
sabe nada, que su función es intentar dar coherencia a mi propio caos personal,
cosa que me ha parecido de lo más graciosa.
El resto de la jornada ha transcurrido de forma
fantástica, todo era como diferente y novedoso, incluso he encontrado atractivo
al conserje, llevo años saludándole y nunca me había percatado.
Ana
P.D. seguiré escribiéndote, tengo que cuidar a mi
único lector
No hay comentarios:
Publicar un comentario