jueves, 2 de abril de 2015

21 de mayo de 2015

Anoche al irme a dormir tuve un pensamiento, me quedaba un día menos de vida, era una verdad irrefutable. Al despertarme el mismo pensamiento volvió a aparecer. En esta ocasión de forma mucho más lúcida me ha llenado de vitalidad, no pensaba seguir sufriendo por cosas absurdas que iban apareciendo en mi cabeza de pura rutina y aburrimiento, incluso tú en ese momento me has parecido de lo más insignificante. He decidido de forma consciente y voluntaria hacerlo todo de forma más lenta, por el simple placer de disfrutar más de las cosas.

Me he duchado lentamente, he sentido el agua caliente resbalar por mi cabeza y llegar hasta mis pies, he desayunado en silencio para estar receptiva a cualquier sonido que me llegara e incluso me he dado cuenta de mis propios pensamientos, intentando averiguar cuál era su origen y he descubierto tranquilamente que no tenía ni idea, y te puedo confesar sin rubor que la mayoría son involuntarios, como si un personaje absurdo que mediante lógicas interpretaciones pretendiera que yo me tragara su propio cuento, por lo menos ahora sé que no soy yo, porque si lo fuera no sería capaz de escucharlo, me he permitido incluso el lujo de interrogarle y me ha confesado que él no sabe nada, que su función es intentar dar coherencia a mi propio caos personal, cosa que me ha parecido de lo más graciosa.

El resto de la jornada ha transcurrido de forma fantástica, todo era como diferente y novedoso, incluso he encontrado atractivo al conserje, llevo años saludándole y nunca me había percatado.

Ana

P.D. seguiré escribiéndote, tengo que cuidar a mi único lector



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